Mi madre se vuelve a divorciar

Ya no soy una niña, ni ella una joven, pero lo puedo contar en el blog, que va de esto. Espero que me perdone por ser mi fuente de inspiración, pero lo cuento desde la verdadera admiración que siento por su valentía y su forma de afrontar la vida. Esta vez su matrimonio, el tercero para los que no conozcáis la historia,  ha durado siete años (nueve años en total de relación), así que no es que vaya “de flor en flor”.

La cuestión es que mi madre no se conforma ni se rinde. No se conforma con vivir una vida matrimonial que no sea plena y no se rinde en su búsqueda de la felicidad. Todos deberíamos ser un poco así, no solo en el aspecto conyugal sino en todos los aspectos de nuestra vida. La teoría es sencilla pero en la práctica nos dejamos llevar por la pereza, el conformismo, los prejuicios, el miedo y un sinfín de ataduras más a la “situación” que nos gustaría mejorar.

A ella, ni su situación de autónoma, ni los otros dos matrimonios que lleva a sus espaldas, ni la tristeza por la muerte de un hijo le impiden tomar decisiones valientes y tratar de seguir disfrutando de la vida. Yo estoy bien si ella está bien y me da igual que se divorcie ochenta veces más.

Tomemos ejemplo para respetar las decisiones ajenas y para ser valientes en tomar las nuestras.

La Primera Comunión con padres divorciados (II)

¿Seguís dando vueltas a como organizar la Primera Comunión  del niño? Es uno de los motivos por los que más encontráis este blog y no deja de resultarme curiosa la preocupación que provocan eventos de este tipo.

Puede que la solución por la que optaron mis padres (entrada aquí), que fue bastante buena (obviando el hecho de que la catequesis y la Comunión  las hice a 40km de donde vivía),  no la veáis viable  porque no podáis ni ver al otro en estos momentos, o las familias no se puedan juntar, o no os pongáis de acuerdo en el sitio o el presupuesto.La solución más sencilla es  la que a veces no tenemos en cuenta, que puede ser por ejemplo preguntarle al niño cómo prefiere que sea (quizás sea más simple de lo que hemos pensado), dentro de las posibilidades que tenemos, y sin intentar influirle contra el otro…Pero lo hagamos como lo hagamos, aunque al final no salga  como queríamos…creedme que en la línea de la vida del niño de padres divorciados  el día de la Primera Comunión, igual que muchos otros,  acaba siendo un recuerdo, y hay muchos días en una infancia para recordar, 365 al año…así que no os estreséis, de verdad.

Una de las mejores formas de que los niños lleven el divorcio de los padres es la NATURALIDAD, y diréis que si el divorcio no es algo natural, eso como es posible. Es posible sin transmitirle al niño nuestras emociones negativas respecto a la situación o respecto al ex/la ex. En la medida que dejemos pasar el proceso de tristeza y adaptación a la nueva situación sin añadir negatividad ni por nuestra parte ni por la del entorno, la nueva situación acabará siendo la normal y con la que se acostumbren los hijos a vivir. Si la situación se normaliza los niños no serán “hijos de divorciados” sino que serán niños cuyos padres se divorciaron.

Una época triste debido al divorcio de los padres  para un niño que se siente querido por los dos aunque estén separados, NO implica un daño irreparable en su infancia ni en su persona. Somos los adultos los que a veces empeoramos las cosas porque tenemos muchos más prejuicios e intereses que los niños. Los niños se adaptan a las nuevas situaciones con más naturalidad de lo que pensamos, si les dejamos claro.

¡Hasta la próxima entrada!

Llevarse bien después del divorcio (II)

Cuando el divorcio está reciente,  los sentimientos y la forma de tratar  la nueva situación del que se divorcia no es igual que cuando pasa un tiempo, ni cuando pasan años. Esto parece una obviedad, pero es importante tenerlo en cuenta para no llevarnos sorpresas  o para sentirnos mejor en horas bajas.

Tanto si te llevas mal como si te llevas bien con tu ex tras la separación o divorcio, cuando hay hijos pequeños seguirás tratando con él o ella quieras o no durante muchos años después. Esto no pasa en relaciones de otro tipo o relaciones sin niños en las que te puedes despedir y no saber del otro nunca más.

Y las personas, igual que la vida, pueden cambiar, y cambian como a ellos les parece, y no como nosotros pensamos que deberían cambiar o evolucionar, da igual  si lo hacen  porque han querido,  porque tienen una nueva pareja o porque necesitan dinero,  pero hacen cosas que se salen de nuestros esquemas mentales.

Así que ningún acuerdo al que lleguéis con el/la  ex tras el divorcio, sobre todo si es verbal, está libre de cambios o es intocable. El convenio regulador y costumbres como subir a casa a por los niños, son susceptibles de ser modificadas dependiendo de las circunstancias. A nivel de convenio dejad todo atado muy bien atado por lo que pueda surgir mañana, por muy bien que os llevéis ahora,  y respecto a las costumbres, como ejemplo,  no os asustéis si durante años habéis entrado en casa a por los niños  y a devolverlos,  y cuando aparece una nueva pareja no podéis pasar del portal, o si la relación cordial que teníais pasa a ser distante. Las circunstancias y las personas cambian, y la persona que hoy es el padre o la madre de tus hijos puede pasar a ser un completo desconocido. Si esto ocurre, os animo a lidiar con ello desde esta perspectiva de aceptar los cambios de las personas como algo que está totalmente fuera de nuestro control y no darnos cabezazos contra la pared pensando que lo que está haciendo es ilógico. La lógica del otro no es la nuestra, y no vale la pena  juzgar a los otros con la lógica. Me ha costado 32 años asumir esto y por eso lo cuento ahora en el contexto de hijos de divorciados, pero vale para todas las relaciones que tengamos.

Mis padres,  todos ellos, que ahora tienen una relación civilizada cuando la tienen (no son amigos), han pasado por distintas etapas en estos 30 años en su relación de divorciados. A veces han tenido diferencias grandes, pero no se han dañado hasta el punto de no poder verse la cara o dejar de hablarse para siempre.

¿Cuándo os “librareis” del padre o madre de vuestros hijos para siempre? Depende, pero podría ser nunca, ¿o acaso no podríais coincidir en su graduación, matrimonio, nacimiento de su hijo?   Tranquilos, si os parece horrible pensarlo, la buena noticia es que uno mismo también evoluciona, y lo que ahora es por ejemplo, resentimiento,  dentro de 15 años probablemente sea algo totalmente distinto a lo que no le deis la menor importancia. Solo hay que ser consciente de ello en los momentos actuales en los que os sintáis mal.

Así que ¿es posible llevarse bien después del divorcio con hijos? Sí ¿Es una situación permanente? Es probable que no, o que sí pero surjan desacuerdos en el camino (como sucedió con mis padres).  Puedes llevarte bien, mal, regular, o no llevarte, y esto puede tener distintas etapas con los años. Lo sano en el largo plazo sería llevarse bien (trato cordial si coincides en un evento, o te encuentras por la calle)  o no llevarse, porque si siendo ya mayores los hijos y habiendo pasado los años hay reproches, o saltan chispas cuando coinciden los padres,  es que al menos uno de los dos vive con culpa, resentimiento, o como víctima, y todo esto tiene unos plazos normales para pasarlos.

Las parejas de mis padres (II)

Aprovechando un comentario de la primera entrada sobre este tema que se me había quedado en el tintero, cosa que siento en el alma y que espero  me perdone, voy a contaros el segundo capítulo (no será el último) de parejas de mis padres, que es el de las novias de mi padre. Podemos llamarlas novias, amigas, etc… mujeres que me podía presentar cuando yo era un mico y me tocaba estar con él y “con ellas”. Lo que recuerdo ya cada vez más vagamente y  también porque me lo han contado es que no me gustaban ni un pelo, y no las trataba bien aunque fueran agradables conmigo. Las podía ignorar o insultar sin ningún tipo de remordimiento y eso que mi edad  no superaba los ocho años. Supongo que “compartir” a mi padre con otras mujeres no me hacía ninguna gracia, igual que no me hizo gracia que viniera un hombre a “sustituir” a mi padre. A una que se llamaba Belén la llamaba Ruperta Malospelos…¿os imagináis? Y yo era una niña que me portaba bien siempre, pero en ese sentido era un poco diabólica, así que os podéis hacer una idea de las reacciones que podemos llegar a tener los hijos de divorciados con nuestros padres y sus nuevas parejas.

¿Cuándo tengo el recuerdo de  dejar de tratar mal a las novias de mi padre? Cuando una me conquistó, me supo ganar. Era alegre, no sé si jugaba conmigo, supongo que sí, pero recuerdo que me hacía regalitos. No eran grandes cosas: pincitas para el pelo, objetos envueltos en cajas preciosas forradas por ella, detalles. Quizás no la vi como una rival sino como una amiga. Y fue la que luego fue su segunda mujer. No porque yo la aceptara y a las otras no ¿eh? Ni mucho menos. Pero así salió.

Una de las dificultades de rehacer la vida después del divorcio con niños es la aceptación por parte  de los niños de las nuevas parejas. Hay que encajar muy bien las piezas y tener mucha paciencia. Si tuviera que dar un consejo sería ese: tener paciencia. Y aceptación.  Los padres divorciados pueden tener un ritmo pero los niños tienen otro: de familiarizarse con convivir con un extraño, de “compartir” el tiempo de su padre o madre, y de querer al nuevo. No se trata de renunciar a rehacer la vida porque  el niño lo pase mal, no puedo estar más en desacuerdo con ese pensamiento, sino de aceptar que el niño tiene sus ritmos, y tratar de hacer las cosas lo más llevaderas posible. Y tampoco dejar que el niño nos lleve a su terreno, hay que ser más listos, conquistarles.

Y esto continuará porque he sido hija de divorciados de niña y hermana de hijo de divorciados adolescente, y también te puede pillar de mayor…cada caso es distinto y no tiene desperdicio.

Espero que empecéis muy bien la semana. Hasta el próximo.

 

 

Lo que dice la ley y lo que dice la ética de cada uno

En vista de que hay más lectores, aunque sois tímidos y no me comentáis nada ;p (me encantaría), he decidido hacer el esfuerzo de escribir con más frecuencia. No es un esfuerzo escribir sino buscar un hueco para contar lo que quiero en medio de mi  caótica vida de estar-fuera-de-casa-doce-horas y preparar una reforma y una mudanza.

Sí, voy a vivir en la sexta casa desde que tengo uso de razón (¿será la última? ¡Me entra la risa de pensarlo!). Esta vez se avecinan cambios, de los que uno elige, que son los buenos. Cuantos más años cumplo más asumo que lo normal es que haya cambios en la vida  y tenemos que adaptarnos a ellos, nos gusten o no. Tendríamos que asumirlo igual que asumimos que llueve  o hace frío o hace calor.

Pero bueno, el tema que me ocupa hoy es llamar a las conciencias de aquellas personas que en proceso de separación o divorcio se aprovechan de situaciones que pueden estar amparadas por la ley pero no deberían quedar impunes en su conciencia.

Puede ser muy tentador usar la ley como venganza hacia la otra persona, pero me gustaría que fuera posible separar el dolor que uno puede sentir por sentirse abandonado de su justificación mental para hacer cosas que perjudican al otro “porque la ley se lo permite”. Hablo de temas relacionados con los niños, que son los más sangrantes, pero también de temas relacionados con las pensiones, repartos de bienes, y aprovecharse de la bondad del otro, ya no por venganza sino por ¡egoísmo!

Hablo de que el padre se tenga que ir de casa y separarse de sus hijos y tener que pasar pensiones, pagar hipoteca y pagar alquiler o, si la hipoteca está pagada, paga pensiones y paga su alquiler, y la madre mientras tanto vive en la casa que ha pagado el padre, y que tiene edad y capacidades para trabajar. Hablo de que después esa madre se trae a una nueva pareja a vivir a esa casa y encima tienen un nuevo hijo y viven completamente GRATIS mientras el padre sigue pagando pensiones y el alquiler que le supone vivir fuera. Y sí, en sus papeles del divorcio dice que en el año X la casa se vende y se reparte entre los dos…¿pero quien le devuelve a ese padre el alquiler que ha tenido que pagar durante todos esos años? Quizás la ley incluso ampararía a ese padre si se pusiera a denunciar esa situación, pero quizás no se lo puede permitir con tanto alquiler o tanta pensión, o no tiene energías o no quiere pasar ese trago.

No solo se cometen injusticias porque uno se quiera vengar del otro. A veces  uno se aprovecha del otro simplemente por obtener un beneficio, sin ningún tipo de remordimiento, o  justificándose con que no puede hacer otra cosa…

Yo no puedo vivir aprovechándome de nadie, ni engañando, y lo peor es que me sigue costando aceptar que hay gente que hace justo lo contrario, como comenté antes. Sé que no se puede luchar contra eso y que tengo que aceptar que hay gente mala, deshonesta o aprovechada, igual que los cambios. Dudo mucho que el que no tiene ese tipo de sensibilidad cambie porque lea unas líneas.

Pero si hay alguna conciencia intermedia, o de esas que  justifican su  egoísmo  ”porque no pueden hacer otra cosa”, o que se están pensando si tirar por la senda del bien o la del mal, por favor, ruego que tiren por la senda del bien, y no se aprovechen de ninguna situación ni ley para fastidiar al otro si se ha portado bien con nosotros, ni por venganza, ni por egoísmo, ni con los niños ni con los bienes materiales.

Las parejas de mis padres (I)

Esta entrada da para muchas, así que es más bien una excusa para comentaros que ¡he vuelto!, aunque nunca me fui (de hecho, mis vacaciones han durado un suspiro), y que arreglamos los problemas técnicos que mantuvieron el blog unos días inactivo.

Como no sé muy bien cómo afrontar el tema porque hay mucho que contar pero no quiero caer en intimidades de mis pobres padres, que bastante tienen con que hable de ellos aquí, empezaré por el principio y muy muy resumido.

¿Acepté bien las primeras parejas de mis padres después de su divorcio? ¡¡NO!! Jajaja ¿Fue esto un problema para mi desarrollo personal? ¡¡Pues tampoco!! ¿Y para el suyo? Tendrían que comentarlo ellos…pero como la idea de este blog es ayudar a padres que se divorcian que tienen dudas sobre como comportarse con respecto a sus hijos, o de hijos que buscan experiencias parecidas a las suyas iré contando las mías (y a veces las de otros).

Estas cosas no son una ciencia exacta, pero hay un alto porcentaje de rechazo inicial de los hijos de padres separados o divorciados  hacia las nuevas parejas de sus padres, que puede venir por diversos motivos (la fuente es mi experiencia, la de otros, y mi opinión sin más, sin ningún orden):

- Celos del niño hacia la nueva pareja porque su padre o madre no comparte el 100% del tiempo con él y el niño deja de ser el centro de atención del padre o madre, o así lo siente.

- Sensación de que el miembro de la pareja que tiene pareja nueva quiere sustituir al otro miembro que evidentemente es insustituible.

- De repente un extraño para el niño hace vida familiar con el padre o madre sin más, está en su casa, realizan actividades.

- La nueva pareja de tu padre o madre te cae gorda, no sabes qué puede ver tu padre o madre en él/ella, piensas que se ha vuelto loco/loca (esta me encanta porque es muy propia de  hijos de divorciados que son adolescentes y/o parejas de tu padre o madre en la primera fase del post divorcio en la que se pueden llegar a relacionar con seres totalmente opuestos a lo que tenían en casa, fase que tengo pendiente comentar próximamente).

Prometo continuar con este tema porque de verdad creo que os va a resultar interesante. ¡Que empecéis muy bien la semana!

 

La vida es cambio

Hola a tod@s. Hay una frase  de John Lennon que dice “la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”,  y más que una idea motivadora, que hay muchas y me encantan, la veo una idea inspiradora para ayudarme a parar y reflexionar   cuando hay cambios inesperados.

Creo que ya comenté en los inicios del blog que cuando me independicé había vivido en cuatro casas distintas y tres ciudades o pueblos (todos cercanos, pero distintos), y ahora vivo de alquiler, por lo que alguna mudanza más voy a hacer. También he conocido o convivido con más de siete parejas de madre, padre y otro padre y sus terceros matrimonios. Suena a cachondeo pero es verdad.

Pasado mañana empiezo un nuevo trabajo y tengo necesariamente que enfrentarme a nuevos retos. Tengo que aprender una tecnología que desconozco, demostrar que  puedo aportar cosas para el trabajo, adaptarme a gente nueva y a un ambiente nuevo.  La situación me incomoda pero también me ilusiona. Si no tengo un ataque de pánico es porque ya he pasado antes por ello. No tengo ni la más remota idea de qué voy a hacer ni como, pero confío en que va a salir bien, o yo voy a poner todo de mi parte para que así sea.

He aprendido que en la vida suceden cosas inesperadas y que tengo que adaptarme a lo que venga.  No hay que confundir esto con dejarse llevar como una veleta, o ser conformista y quedarme-con-lo-que-me-ha-tocado si no soy feliz. Tampoco la idea es pensar que si nos enfrentamos a un cambio por un hecho dramático no nos podamos permitir un tiempo para adaptarnos a él. Es simplemente que desde pequeña viví cambios más o menos incómodos o incomprensibles para mí, y de mayor otros más comprensibles pero  indeseados, o planes que no salían como esperaba (como terminar la carrera en determinado año)  y a todo te tienes que adaptar. Creo firmemente que cada cambio superado correctamente es como una herramienta más que te guardas en la mochila de tu vida y te sirve para tu siguiente reto. Cuando te enfrentas al siguiente cambio inesperado, consciente o inconscientemente, eres más fuerte, es más probable que te adaptes antes, que sufras menos o que encuentres una salida.

Y por suerte o por desgracia desde que venimos al mundo estamos expuestos a cambios, así que quizás un hijo de padres separados sufra por el cambio, pero quizás ese cambio es su herramienta de vida para adaptarse a miles de cambios a los que va a estar expuesto durante sus siguientes sesenta años.

Para mí ha pesado mucho más lo positivo de sentirme querida y ver a mis padres separados pero felices,  que los cambios que supusieron sus divorcios, y además los divorcios me entrenaron para adaptarme a situaciones y personas nuevas y para aprender que la vida es cambio.

¿El divorcio es un fracaso?

Por favor, si dudáis por un  instante de la línea que voy a seguir en la  respuesta es que no habéis leído suficientes entradas o no he escrito las suficientes como para que me conozcáis…

Este post me lo inspiró mi padre cuando, antes de estar otra vez en el paro, pero considerando que tenía altas posibilidades de que me despidieran o no me renovaran el contrato le dije: “Jolines, como me despidan, ¡vaya fracaso!: dos trabajos y dos despidos” y él me dijo que vaya tontería, que él había tenido dos matrimonios y dos divorcios y también podía pensar que “vaya fracaso”.

Según la definición de la RAE fracasar es:

1. Dicho de una pretensión o de un proyecto: frustrarse (‖ malograrse).

2. Dicho de una persona: Tener resultado adverso en un negocio.

El problema es que  cuando un proyecto de vida o laboral no sale como esperábamos, además de la frustración  o tristeza que podamos sentir, nos juzgamos y nos castigamos a nosotros mismos, y el “fracaso”, en vez de tomárnoslo como su definición, algo que sale distinto a lo que esperábamos o habíamos planeado, nos lo tomamos como un error nuestro y algo malo, y hasta vergonzoso. ¿Por qué  ”fracasar” en algo resulta a veces vergonzoso para nosotros? He pensado mucho sobre esto y la conclusión es porque nos juzgamos a nosotros mismos y porque nos juzgamos según lo que está socialmente establecido, lo que nos han enseñado directa o indirectamente que tenía que ser:

- Cuanto te casas es para toda la vida.

- Cuando te despiden de un trabajo es porque eres vago, incompetente, lento, etc (lo que queráis).

- Etcétera….

¿De verdad queremos aferrarnos a este pensamiento  en vez de a los millones de motivos que llevan a un matrimonio a romperse o a una empresa a prescindir de tus servicios? Y voy aún más allá: incluso si somos conscientes de que hemos cometido errores que nos llevan a situaciones de “fracaso”, ¿tenemos que vivir para siempre lamentándonos por esos errores? He oído a muchas personas con vergüenza por un despido, estar en el paro, un divorcio o dos. No dicen directamente que sientan vergüenza, pero actúan de una forma que sabes que la sienten. Yo tuve ese momento de debilidad con mi padre hace unos meses…pero decidí que fuera eso, un momento.

La única receta para no “fracasar” es no emprender ningún proyecto y no hacer ningún plan de vida grande ni pequeño nunca jamás. Si pudiéramos controlar todos los factores que afectan a nuestra vida o proyectos no sería vida. Así que cada uno que decida si tiene que sentir vergüenza o no por divorciarse una, dos o cinco veces.

Me conformo con que a un lector cualquiera que aterrice y lea esta reflexión le ayude a mejorar su sensación de vergüenza o fracaso por un divorcio (o ya de paso, por cualquier otra situación desfavorable).

 

 

 

Vivir sin rencor

Vivir sin rencor te permite ser más feliz. No hablo de que necesariamente tengamos que haber perdonado a todas las personas que nos hayan hecho daño o ser sus amigas. Hablo de no sentir dolor cuando pensamos en esas personas o nos cruzamos con ellas por cualquier circunstancia de la vida.

Cuando vives con rencor tú estás mal y la persona hacia la que sientes el rencor ni se entera, así que sirve para muy poco…

No sé si hay una tendencia genética a ser más rencoroso o menos. Creo que sí porque mi madre y yo tenemos una facilidad asombrosa para olvidarnos de las cosas malas que nos ha hecho la gente, solemos decir que “nosotras no tenemos memoria negativa”. El único peligro de esto es que a veces la gente te vuelve a hacer lo mismo, pero como se te vuelve a olvidar te recuperas pronto, y en general no sucede más de dos veces, porque ya de una manera consciente decides no dar más oportunidades.

Muchas de las situaciones por las que sentimos rencor a lo largo de nuestra vida se han dado porque otras personas no han sabido hacer las cosas mejor, o han mirado por sus intereses más que por los nuestros, o por cobardía,  pero no porque quisieran hacernos daño. Si conseguimos darnos cuenta de eso nos puede ser mucho más fácil perdonar y vivir sin rencor. Otro factor que ayuda a deshacernos de él es el tiempo. Lo que ahora nos causa dolor, si dejamos pasar el tiempo sin obsesionarnos probablemente dejará de dolernos dentro de unos meses o años.

En un proceso de separación o divorcio aparecen situaciones por las que podemos sentir rencor por la otra persona, y pueden ser  del tipo que he comentado antes, un daño causado inintencionadamente. Vivir con rencor hacia la expareja  implica, siempre,  estar mal interiormente, y  a veces,  crear situaciones que perjudican a los niños. Ejemplos:

- El más grave: Castigarle con los niños poniéndolos en su contra o dificultando las visitas o la relación.

- Evitando o dificultando situaciones o eventos en los que los hijos estarían encantados si estuvieran los dos padres, pero como el rencor me impide coincidir o hablar con la otra persona no voy, impido que vaya la otra persona, pongo condiciones imposibles de cumplir  o hago malabarismos extraños para que todo cuadre acorde con “mi rencor”. Esto podría ocurrir por ejemplo en la primera comunión, en una graduación del instituto, y cuando son más mayores en cumpleaños, graduaciones universitarias y hasta la boda.

El rencor no beneficia a nadie y si no podemos evitar el sentimiento, podemos tratar de evitar nuestras acciones derivadas de él que perjudiquen a los hijos. Así que, aunque me repita un poco, creo que si no se tiene facilidad para olvidarnos de las cosas negativas podemos intentar ser conscientes de que no es bueno para nosotros, intentar mirar hacia adelante dedicando el menor tiempo posible a pensar o a hablar de la persona o situación que nos causa el rencor (pues estaremos dedicando un tiempo y una energía en algo que no nos beneficia y que la otra persona ¡no se está enterando! ¿no es un poco absurdo?) , y la más importante, como es muy difícil  dominar o deshacerse de un sentimiento como el rencor cuando se está en caliente, si de verdad queremos vivir sin él, simplemente podemos hacernos conscientes de que con el tiempo dolerá menos y armarnos de paciencia hasta que desaparezca.

Todos mis padres y sus parejas  han  vivido sin rencor aunque se hayan podido disgustar  unos con otros por cosas en determinados momentos (aunque tampoco  se han hecho cosas graves),  y además me han transmitido una vida sin rencor y con respeto entre unos y otros. Y esto, os puedo asegurar que ha facilitado increíblemente las cosas y me ha permitido ser muy feliz. En la próxima entrada os pondré un ejemplo personal sobre las ventajas de vivir sin rencor después del divorcio.

 

Conectar los puntos

Hola a todos. Nuevamente me encuentro con más tiempo para escribir en el blog  gracias a que no me han renovado el contrato de trabajo que me salió el año pasado. ¿Qué tiene en común este suceso con los divorcios y los hijos de divorciados? Que empieza una nueva vida para mí, y que, al igual que cuando el divorcio supone un alivio para la persona pero los demás la compadecen, es un cambio que solo puede traerme cosas buenas, mientras que a los ojos del común de los mortales es un “palo”, una “injusticia” y una “pena”. La única pena ha sido despedirme de mis compañeros y que mi trabajo de un año no se pueda rematar…pero por lo demás tengo paro, ahorros, familia, amigos y 35 años de vida laboral por delante, así que ¿merece la pena estar mal?  Lo más gracioso es que siento que estoy bien de corazón y no porque tenga la mente entrenada para ver el lado positivo y todas estas cosas. En los últimos meses en los que he tenido altibajos, única y exclusivamente en el terreno laboral, no podía evitar estar mal con el corazón aunque intentara “racionalizar”. Sin embargo ahora confío firmemente en que todo va a ir bien, y confío desde lo más profundo de mí. E igual que cuando te pasa algo horrible como lo de mi hermano crees que nadie puede entender como te sientes, lo positivo  que me ha supuesto  la no renovación, creo que solo lo entienden menos de cinco personas, muy allegadas todas, sin que pongan la coletilla de “pero-es-un-palo”.

Y uno de los motivos por los que sé que es un cambio para mejor es porque estoy confiando en mi corazón para “conectar los puntos”. Esto quiere decir que en el futuro confirmaré que esto ha sido para mejorar y conectaré los puntos, y por eso ahora no tengo de qué preocuparme. No me voy a quedar de brazos cruzados esperando a que se conecten por arte de magia, sé que voy a luchar hasta que lo consiga. Y esto de conectar los puntos ¿de donde viene? Pues viene de un discurso de Steve Jobs, fundador de Apple, que es altamente inspirador. En el mundo ingenieril  es muy conocido,  y si no conocéis este discurso os animo a verlo (está subtitulado en español) y disfrutar.

Con los divorcios hay pérdidas irreparables como el tiempo que no pasas con tus hijos, pero seguro seguro que cuando pasan los años (y mi experiencia de hija-de-divorciados lo dice), al menos a nivel de pareja, se pueden conectar los puntos como hizo Steve Jobs. ¡Lo mejor está por llegar!